miércoles, 25 de julio de 2012

Retos y oportunidades partidistas. El caso del PRI.


Los conflictos políticos en los que inevitablemente derivó la jornada electoral del pasado primero de julio pueden ser analizados desde los problemas, retos y oportunidades  que enfrentan los distintos partidos  en el país. Hoy abordo el caso del Partido Revolucionario Institucional.

El PRI ha tenido que defenderse de la impugnación en su contra por parte de la Coalición Movimiento Progresista. Muy seguramente conseguirá que se demuestre la legalidad de su victoria en la elección presidencial. En efecto el IFE le ha entregado ya al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación argumentos claros en contra de la posibilidad de declarar la invalidez de la misma. Destaco los siguientes. No se tienen los elementos necesarios para determinar un rebase del tope de gastos de campaña de Enrique Peña Nieto. Asimismo no hay pruebas de contrato alguno encubierto que derivara en comentarios en radio y televisión que beneficiaran al candidato priista. Por lo que se refiere al papel de las encuestas preelectorales sobre preferencias no se pueden considerar propaganda. Sobre la compra y coacción del voto no se aprobaron al parecer información con valor probatorio. Incluso sobre las tarjetas Soriana y los monederos Monex no se comprueba que hayan sido ni recibidos, ni condicionados, ni que contuvieran dinero. De hecho la libertad del voto fue promovida y su secrecía garantizada. Por último, según el texto transmitido, existe una diferencia tal de votación entre los dos primeros lugares de la contienda que no se puede realmente sostener  supuesto alguno para anular los comicios. Queda ahora que el Tribunal procese todas las inconformidades, dictamine la elección, determine el cómputo final y en su caso haga la declaratoria de Presidente Electo para lo cual tiene hasta el 31 de agosto.

Sí, seguramente no tendrá tropiezos el PRI para defenderse pero mal haría en creer que la defensa de la legalidad de su victoria es su única tarea. La gran mayoría de la población quiere que se acepten los resultados, pero eso no quiere decir que la mayoría crea que son legítimos. En este sentido este partido tiene varias luchas por delante, además de la defensa del triunfo de Peña Nieto.

Por ejemplo tiene la tarea a de reconocer que a cada elección presidencial desde que se fortaleció la competencia política en México, salvo en el 2000 en que se dio la alternancia política a nivel federal, la normatividad con la que se ha contado  ha demostrado ser insuficiente para la aceptación tersa de los resultados por parte de los partidos perdedores. Una de las fragilidades de nuestra democracia es esta desconfianza que aún es demasiado generalizada. La desconfianza nos ha llevado a la organización de elecciones muy caras en las que se cuentan bien los votos, pero que transcurren todavía a través de procesos dudosos que no pueden ser ignorados o minimizados.

Qué pena pero se tiene que trabajar aún más en ello y el PRI debiera abanderar una nueva reforma electoral bajo los criterios de una consulta amplia a expertos y de una sana discusión con todos los actores políticos involucrados, que entre otros puntos amplíe bajo criterios específicos las causales de nulidad de las elecciones, como por ejemplo el rebase de los topes de campaña y las entradas por encima de las permitidas de financiamiento privado a los partidos, estableciendo mecanismos más eficientes para evitarlas sobre todas aquellas de procedencia ilícita. Si es cierto que este partido ha sabido ser competitivo debe, además, promover controles más firmes para la transferencia de recursos y dinero del gobierno a todos los niveles a los partidos y a las campañas.

Por su parte el gobierno emanado del triunfo del PRI tiene que basar el fortalecimiento de su legitimidad en la promoción de ésta y de otras reformas en una actitud que demuestre bien su diferencia ideológica con las políticas gubernamentales anteriores. El reto del partido es igualmente la transformación de la relación que le caracterizaba en tiempos pasados con el propio ejecutivo federal. En doce años el PRI cosechó triunfos estatales y locales gracias en buena medida a las autonomías regionales de sus cuerpos. El tener la presidencia no lo debe llevar a que su comité ejecutivo nacional se imponga nuevamente en la selección de sus candidatos.

Los nuevos tiempos deben ser aprovechados por el partido como tiempos de transformación profunda. El triunfo más apretado que consiguió le debe hacer entender que setenta años en el poder aún lo mantienen desgastado y que quizás es tiempo de ciudadanizarse totalmente, de cambiar de nombre, pero sobre todo de cristalizar un frente entorno a un proyecto de nación para este siglo. Las circunstancias para lograrlo son propicias en el contexto de la crisis del panismo tras el tamaño de su derrota y sus pugnas internas que le muestran contradictorio, y del propio perredismo que tanto se ha beneficiado del carisma de Andrés Manuel López Obrador pero quien en sus excesos y su incapacidad de dejar de ser protagónico entierra la posibilidad de crecimiento de una izquierda moderna.

En suma, el mayor reto del PRI es la construcción de este frente en tiempos políticos que parecen difíciles por necedades que hacen peligrar nuestras instituciones, que despiertan manifestaciones sociales progresistas sí y a las que hay derecho en principio, pero que pueden ser atrapadas en la intolerancia y la violencia.                   

martes, 10 de julio de 2012

Los claroscuros de la jornada electoral


El análisis de las elecciones pasadas y de las reacciones que han suscitado por parte de los involucrados, un análisis serio de frente a los ciudadanos quizás confundidos por muchas de las declaraciones emitidas debe distinguir el estudio de los procesos electorales en el marco de la normatividad que los rige, del análisis de sus consecuencias políticas.

El IFE ha cumplido correctamente su tarea y sin embargo no podemos desconocer que a pesar de todos los esfuerzos, en lo que concierne a la elección presidencial, una importante capa de la población sigue desconfiada de los resultados. ¿Por qué? Porque el candidato de la coalición Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador, ha decidido impugnar la elección sobre la base de la inequidad en la contienda. Aquí cabe entender que este proceso todavía no termina. El pacto que firmó AMLO, contrariamente a lo que muchos también sostienen, no le quita el derecho de impugnar si considera que existen elementos que puedan hacer anular los resultados que le son adversos.

Ahora bien, su reacción crea un clima de incertidumbre porque se puede prever que el desahogo de las pruebas concluirá en la declaración de Enrique Peña Nieto como presidente electo por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Entonces, si López Obrador no se desiste, puede imponerse la inconformidad y el descrédito de la elección lo cual mermaría la legitimidad del próximo mandatario. Este escenario es muy peligroso para las cambios políticos que hemos construido en las últimas décadas a través de muchos esfuerzos, para el sistema político al que han dado lugar y para todos sus actores incluida la propia izquierda mexicana la cual esta vez ha logrado avances sin precedentes que no debe sacrificar y ahogar en una confrontación inmadura. 

Por lo pronto el que tal impugnación se vaya a presentar demuestra los alcances y los límites de nuestra joven democracia. En efecto en el plano de los alcances se han creado las instituciones que le dan cabida a la inconformidad de la coalición Movimiento Progresista, a la vez que en el plano de los límites los hechos apuntan en primer lugar a que no se han controlado suficientemente ni los medios ni la inserción de la fuerza del dinero en política. Pero medir y probar cuánto esta insuficiencia benefició a Peña Nieto se antoja imposible.

En segundo lugar la coacción y la compra de votos, que si bien resultan bastante creíbles también son difíciles de asegurar, dejan ver el clientelismo como otra limitante más del avance democrático que hemos logrado. Sin embargo es inocente pensar que sólo conciernen al manejo del PRI. Todos los partidos en México manipulan hasta donde les es posible el voto y para ello gozan de la ayuda de los gobiernos que controlan. Al respecto López Obrador no puede personificar la moralidad hasta que no aclare de donde vinieron los recursos que tuvo durante este sexenio (los cuales le permitieron recorrer constantemente el país y crear su grupo de apoyo MORENA) y que muchos sospechamos le llegaron de la jefatura del Distrito Federal, ni hasta que quede totalmente deslindado de infiltrar y apoyar a un  movimiento social como el de #YoSoy132. No obstante no dejo de reconocer que, a pesar de ello, a dicho movimiento le debemos haber dinamizado las campañas y seguramente alterado las preferencias como para que el PRI no haya ganado como esperaba, lo que a mi parecer ayudó a proteger a  nuestra democracia a través de la competencia y de los contrapesos al poder.

Quiero mencionar igualmente como una limitante adicional de la democracia del país el déficit en el control de los gastos de campaña, en el entendido que más de los debidos siguen siendo informalmente financiados por el sector empresarial como inversión para futuros beneficios en gobiernos de todos los colores.

Otra cuestión es también que la impugnación de López Obrador se sostiene porque resulta sospechosa la diferencia real de votación entre primer y segundo lugar en la elección presidencial, en comparación a la prevista por tres cuartas partes de los sondeos preelectorales que se dieron a conocer. Por eso, es importante que este punto también se aclare porque no se puede negar que tales sondeos influyen en los resultados electorales. En lo particular no creo en la posibilidad de un plan orquestado para promover el voto priista. Más pudieron estos trabajos haber disuadido a los simpatizantes del PRI de la necesidad de ir a votar. (Lo cierto es sobre todo que las preferencias electorales fueron cambiando y que no dejaron de hacerlo. Los electores que permanecían indecisos además parecen haber sido más proclives a votar por AMLO, quien probablemente hubiera ganado de ser más larga la campaña.)

En fin la cuestión es que, guste o no, los priistas  ganaron la presidencia fundamentalmente porque hubo un voto de castigo al PAN no habiendo podido Josefina Vázquez Mota deslindarse de Felipe Calderón del que no recibió todo el apoyo esperado, pero también por la capacidad que tuvo el PRI de mantenerse vivo tras la alternancia del 2000, por la unidad que demostró en torno a un candidato carismático que difundió una imagen de eficiencia (la prueba es que este partido perdió en elecciones estatales ahí donde se dividió, como fue en Tabasco y en Morelos), porque Peña Nieto administró su ventaja inicial la cual no pudo vencer Andrés Manuel si bien fue en ascenso continuo.       

Con todo ello, los resultados electorales de la jornada del primero de julio pasado dejan un saldo más positivo que negativo. Pese a la crisis poselectoral que atravesamos es posible todavía que pueda ser controlada por las instituciones y la conciencia de la propia izquierda que tiene más que perder que hace seis años y que posiblemente logre entender que es hora de un relevo generacional de sus élites con una inclinación más moderna de la política. Los resultados son alentadores porque una doble alternancia en la pluralidad, con una sociedad más activa y vigilante, puede llevar a un gobierno federal que necesariamente tenga que negociar y transparentar más el ejercicio de sus funciones.

No es utópico pensar que se está ante la posibilidad de que se cambien las formas de ejercicio del poder en México, un poder que ha quedado compartido. Este cambio requiere de la buena voluntad del conjunto de los actores, no sólo de los partidos de izquierda y del PRI en los términos mencionados sino también de los panistas que enfrentan las dificultades internas esperadas tras la derrota mayúscula que sufrieron, las cuales deben resolver a la mayor brevedad pues su participación en el escenario político es enriquecedora para todos.     

miércoles, 27 de junio de 2012

De política y amor


En la soledad de la casilla, el próximo domingo, los ciudadanos emitiremos nuestro voto. Lo haremos más determinados de lo que creemos y quisiéramos por diversos factores, desde nuestras instituciones mismas que nos hacen por ejemplo votar a la vez presidente, legisladores y algunos gobernadores, nuestra concepción que tenemos de la historia política de México, sus necesidades, nuestra opinión sobre sus gobernantes pasados y presentes, la fuerza que tienen los partidos, el impacto que han tenido en nosotros las campañas, nuestra opinión de los candidatos, lo buenos y malos que nos parecen, lo que creemos que representan, hacia donde pensamos que podrían llevar al país.

Cuando se den a conocer los resultados los estudiosos en temas electorales, en lugar de predecir para lo que somos bastante malos, trataremos de explicar lo sucedido. Se avecina más fácil de interpretar la contienda presidencial que las demás, en las que se cruzarán diversos factores. Apartemente la presidencial se jugará en esencia entre el nivel del agotamiento y decepción que puedan haber producido los gobiernos panistas, la inevitabilidad del regreso al poder del candidato priista que llegó a unir a su partido con toda su fuerza regional y contó con el apoyo de indudables poderes fácticos, el sentido que para muchos y sorpresivamente para bastantes jóvenes todavía tiene la aversión a un partido que nos gobernó por décadas en condiciones de hegemonía, y nuestra capacidad de confiar en la existencia y viabilidad de un proyecto realmente alternativo a los márgenes en los que se ha movido la política nacional durante los últimos treinta años.

Por mucho tiempo se creyó que el voto era menos cognitivo de lo que es, que la gente votaba como sus padres, esposos y vecinos, como sus colegas y amigos. En muy buen grado no lo es, sobre todo en la medida en la que el nivel de estudios es mayor. Es decir hay mayor tendencia de la que se creía a decidir conscientemente la orientación partidista, pero ello no quiere decir que no seamos presas de contextos y sobre todo de emociones.

De las múltiples razones que explican el desarrollo de la política y del ejercicio electoral, una de las que me más me fascina es el amor. Las carreras políticas, la constitución de camarillas, las escisiones partidistas están plagadas de historias de familias, parejas y traiciones. Los electores también responden a ellas según sus propias vivencias. Para no interferir para nada en la decisión que tomen sobre nuestro propio destino nacional, voy a referirme a un ejemplo que está en el centro de la actual conducción de la Asamblea Nacional en Francia para cerrar mi ciclo de comentarios de este proceso electoral.

El pasado domingo 17  se llevó a cabo en este país la segunda vuelta de la elección parlamentaria. Fue, como se veía venir, una gran victoria para los socialistas porque ganaron la mayoría absoluta necesaria para sacar adelante su proyecto de menos austeridad y más crecimiento en una economía en recesión. Su bancada contará con al menos 291 diputados, 280 socialistas más once de diversas izquierdas inscritas al grupo. Como previsto, el partido antes gobernante el UMP tendrá alrededor de 217 diputados y enfrentará una gran lucha por su liderazgo.

Las sorpresas fueron otras. Por una parte tanto Marine le Pen como Francois Mélenchon que la desafió, dirigentes del Frente Nacional  y del Frente de Izquierda respectivamente, perdieron su lucha por llegar a la Asamblea. Aquí también se impusieron los socialistas. Sin embargo la extrema derecha tendrá dos asientos en la misma.

Mas el mayor fracaso de los socialistas fue en la región de La Rochelle el de Segolene Royal, excandidata presidencial por su partido en 2007, excompañera del actual presidente y madre de sus cuatro hijos. Habiendo compartido codo a codo con él una carrera paralela, no llegó a su lado al Eliseo porque hace unos siete años la pareja se deshizo y Francois Hollande emprendió una nueva vida con la periodista Valérie Trierweiler. Sin embargo, después de haber apoyado a Hollande con energía, tras no haber obtenido otra vez para ella misma la candidatura presidencial, la esperanza política de Segolene Royal era la presidencia de la Asamblea. Para ello tenía que ganar esa diputación que no pudo, por una parte por la indisciplina del que se suponía su compañero de partido, Olivier Falorni, quien se opuso a su nominación, promovida por el mismo Hollande y supuestamente basada en las cuotas de género, y se postuló también; y por otra parte, por el apoyo que recibió éste a través de un ahora famoso twitter de Valérie Trierweiler.

Habrá ganado Falorni, pero los socialistas no lo quieren con ellos. Habrá ganada Hollande la mayoría absoluta que deseaba en la Asamblea, pero tendrá que poner orden en casa.

Esta historia demuestra que las elecciones y la política están mucho más permeadas de los que se quisiera por los asuntos privados, y que conllevan consecuencias.
         
En suma, el presidente francés podrá legislar sin ayuda ni de los radicales, ni de los verdes. En efecto los socialistas no requieren que se integren a ellos ni los 13 diputados de extrema izquierda  ni los alrededor de 20 ecologistas. No obstante todos se preguntan adonde quedó su pretendida presidencial normal que dejaría atrás los problemas sentimentales que enturbiaron el periodo del expresidente Nicolás Sarkosy.

Entre tanto Bruno Le Roux fue electo presidente de la bancada por aclamación, pues no tuvo contrincante. Para la presidencia de la Asamblea el plan A era Segolene Royal. Con su derrota se desarrolla un plan B. En la misma tónica de la igualdad hombres-mujeres en la distribución de los puestos de responsabilidad, la primera idea de Le Roux fue tratar de convencer a la ministra de la Reforma del Estado, Marylise Lebranchu que se lanzara, mas frente al rechazo de la misma se aceptaron cuatro candidaturas de las cuales sobresalió la de un varón Claude Bartolone por lo que no parece que vaya a tener contrincante en la segunda vuelta del día 26.

La paridad de género se espera lograr a través de otros cargos de responsabilidad. Esperemos que no sean más las mujeres las que ridiculicen el quehacer político con historias de pasiones, celos y odios.

Sobre sistemas políticos, competitividad y gobernabilidad


La contienda presidencial se está poniendo más interesante, más competitiva si bien no se sabe bien a quien creer en cuanto a sondeos de preferencias electorales se refiere y tampoco se sabe cuánto cambiarán éstas  después del debate del domingo en el que finalmente no hubo sorpresas  a pesar de que vimos a una Josefina Vásquez Mota más aguerrida en esta última oportunidad para reposicionarse y a un AMLO engrandecido por la innegable tendencia a la baja de EPN en las últimas dos semanas, al cual sin embargo no sacó de su estrategia de moderación.

Dicho esto, no creo que alcance el tiempo para que cambien los resultados esperados en la jornada electoral, si bien estos movimientos de las tendencias son importantes para la calidad democrática del país porque pueden tener varias consecuencias que considero bienvenidas. En un primer plano veo las nuevas consideraciones que se podrían tener al momento de la constitución del próximo equipo de gobierno y la dinámica diferente en que se podría desenvolver la nueva administración. En otro plano considero asimismo que otra consecuencia  podría ser asimismo la composición que pudiera alcanzar el nuevo Congreso.

Con el cuidado necesaria que hay que tener cuando se hacen  predicciones que siempre son aventuradas, a mi parecer la política de movilizaciones recientes contra Peña Nieto y los medios no va a lograr evitar de aquí al primero de julio que el PRI llegue nuevamente a la presidencia; sin embargo, dado el arrastre del voto que produce la elección presidencial en las otras elecciones simultáneas (el cual es un fenómeno bien estudiado en la ciencia política) es posible que el aumento del voto a favor del PRD se traduzca en la mayor fortaleza que vayan a tener sus bancadas en las cámaras a través no tanto de la distribución de las asientos uninominales sino de los plurinominales, ya que la votación perredista se encuentra muy concentrada y en varios estados de la república se puede prever que no produzca triunfos distritales.

Así, me pregunto así si otra vez la izquierda mexicana le deberá un favor a la tenacidad de AMLO, pero asimismo reconozco que es deseable un relevo generacional en el liderazgo de la misma hacia posturas menos radicales e institucionales que rebasen las manifestaciones, tengan pronunciamientos concretos y enriquezcan el debate público.

En fin si la votación por el PRD sigue creciendo, es mucho más  posible que el PRI no gane la mayoría absoluta en el Congreso, la cual ha buscado para según los priistas reconquistar la gobernabilidad en México que según ellos se perdió desde 1997 cuando aparecieron los gobiernos divididos.

Este escenario no parece gustarle a muchos, pero yo discrepo con ellos.

En un sistema político como el francés, la falta de control por parte del Presidente de la mayoría en la Asamblea lleva a las famosas cohabitaciones y a la caída de gabinetes enteros cuestión que hace el ejercicio de gobierno muy complicado y poco eficiente. Esto es lo que por cierto se está jugando en la segunda vuelta de las elecciones parlamentarias del próximo domingo, en el entendido que la primera vuelta fue el domingo pasado. Los socialistas, después del triunfo de Francois Hollande, buscan los resultados que les permitan implementar su proyecto político y según los pronósticos parece que lo van a lograr.

Pero en México la situación es otra. El tema es complejo. De hecho se remonta a la constitución de 1856 que determinó para el país una presidencia débil frente al legislativo, situación que no se pudo  resolver  ni Juárez ni Lerdo y no fue hasta el porfiriato que el Congreso quedó bajo el control de Díaz no a través de la modificación de los arreglos institucionales, sino de las reglas informales que éste fue adoptando para gobernar por encima de todos, manteniéndolos divididos y a la vez delegando importantes esferas de poder.

La Revolución no produjo tantas transformaciones en este renglón como algunos creen. La independencia del Congreso respecto al poder Ejecutivo fue bien corta y pronto, a través del partido hegemónico, los presidentes en turno lograron el control de diputados y senadores.

Sin embargo, la pluralidad política de las últimas décadas la cual sobrevino sin una verdadera reforma del Estado ha hecho muy difícil sobrevivir en estas condiciones de distribución de funciones y relación entre poderes. De aquí que se piense en la inminente necesidad de construir mayorías parlamentarias.

Es cierto que tenemos de los peores arreglos posibles: un sistema presidencial con pluripartidismo y sistema de representación mixto y que tenemos que revisar urgentemente nuestra ingeniería, pero sin olvidar que la gobernabilidad no se decreta, sino la produce el arte de la política.

México ya ha perdido demasiadas oportunidades. Si se da la doble alternancia en un ambiente de pluralidad, podemos aprovecharla para construir la democracia fuerte que merecemos en la que convivan las distintas posiciones y se generen las negociaciones necesarias para producir los cambios concertados que requerimos.

De campañas e imprevistos


Desde que en México se aceleraron los tiempos electorales los analistas políticos hemos estado al acecho de los improvistos que puedan hacer más interesante nuestro trabajo, de frente a la definición de preferencias tan claras que lleven a elecciones en las que ganen con seguridad los que ya todos sabían que lo harían. De aquí el interés que han provocado las manifestaciones anti peñistas que se desarrollaron a partir de la visita del candidato del PRI a la Universidad Iberoamericana. Algunos se alegran de que se ponga color a las campañas, otros de que se obstaculice el regreso del partido que hace doce años fue desplazado del poder después de mantenerlo por más de setenta.

Veo con gusto las manifestaciones políticas que demuestran  interés por los asuntos públicos por parte sobre todo de una juventud que a lo mejor hubiéramos creído más apática, y sin embargo me preocupa que sea presa de posiciones antidemocráticas que descalifican a los punteros de las contiendas -o a quienes los apoyan- sólo cuando no son afines, o bajo argumentos poco convincentes como que representan el antiguo régimen o que son producto de los medios. Son posiciones peligrosas porque esas sí nos regresan al viejo fantasma del fraude electoral y lejos de fortalecer, debilitan a las posiciones críticas a nuestro sistema político.

A mí también me preocupa no que el priismo regrese al poder, porque habrá sabido hacerlo en un contexto de competencia, sino la ventaja con la que pudiera hacerlo de la que deduzco que quizás la derecha se reponga difícilmente de su derrota y caiga en divisionismos que le impidan ser la oposición constructiva que llegó a ser, y que la izquierda sea rebasada por posiciones antiinstitucionales y se vea obligada a arrinconarse en el Distrito Federal como único bastión. Me pregunto cómo entonces vamos a salir de nuestra endeble democracia, si prontamente sorprendida por movimientos que no articulan los partidos políticos, cómo se va a hacer un contrapeso al poder presidencial si llega a ser que el PRI conquista la mayoría absoluta en el Congreso. Recordemos además que puede quedarse hasta con veintitrés gubernaturas, si gana Jalisco, Morelos, no pierde Tabasco y más adelante se hace del gobierno de Chiapas. Es una situación que puede suceder y que los interesados en la pluralismo político, de frente al priismo, deben asumir sin intolerancia y con responsabilidad democrática.

Pero las sorpresas empiezan a darse no sólo a nivel de las elecciones federales, las elecciones estatales tan olvidadas también están ofreciendo interesantes paradojas. Tomemos el caso mencionado de Jalisco.

En 1995 tras el último gobierno del PRI de Guillermo Cosío Vidaurri que sufría de ilegitimidad y era acusado de nepotismo y favoritismo, tras la tragedia de la explosión  en la capital de 1992, la creciente inseguridad en la región y  el asesinato del Cardenal José de Jesús Posadas Ocampo de 1993, en el impulso que cobraba entonces el cambio político en el país, llegó el PAN al poder estatal. Con el desgaste producto de tres gobiernos panistas, el de Alberto Cárdenas Jiménez, el de Francisco Ramírez Acuña y el de Emilio González Márquez quien hace seis años ganó ya  con cierta dificultad dado la reposicionamiento del priismo que siguió recuperando espacios en la entidad, la contienda actual se inició con una comodísima situación para el abanderado del PRI Jorge Aristóteles Sandoval Díaz cuya postulación manejó con habilidad su partido, contrariamente al divisionismo que permeó al PAN cuyo candidato resultó ser  Fernando Guzmán Pérez. De tal forma el PRI se situaba treinta puntos por encima del PRI en preferencias.

Como Enrique Peña Nieto en la contienda presidencial Aristóteles Sandoval se ha mantenido, pero Fernando Guzmán ha venido decreciendo en preferencias a favor aquí no del candidato del PRD sino del candidato del Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano, Enrique Alfaro Ramírez quien tras militar en el PRI rompió con él en 2005, apoyó a Andrés Manuel López Obrador en 2006, fue diputado local y luego presidente municipal de Tlajomulco por el PRD partido con el que tiene conflictos desde el año pasado y con quien no quiso conservar el arreglo para presentarse como candidato por toda la izquierda. Alfaro fue muy hábil al anunciar que rompía con la dirigencia del PRD, no con los perredistas. Al irse sólo como candidato de un  movimiento ciudadano y de la organización de AMLO MORENA ha podido no sólo conservar viejos apoyos, sino también hacerse de la simpatía de algunos grupos políticos que decidieron abandonar al PRI y hoy hace también un llamado a los panistas, no a aquellos que en sus palabras representan la personificación de los males contra los que lucha, sino a aquellos que creyeron que el PAN podría impulsar la transformación de fondo en Jalisco, la cual no se ha logrado mas no puede lograrla a su parecer el PRI. Esta opción antipriista va creciendo y ya hay quienes anuncian si bien no una coalición formal, sí una posible declinación del candidato del PAN, lo cual sí llevaría al PRI a enfrentar un contrincante con posibilidades de ganar.

La fuerza con la que el PRI construyó el escenario de su posible regreso tanto al poder federal, como a ciertos gobiernos estatales, ha llevado a que las contiendas se expliquen otra vez como en 2000 a través del eje PRI- anti PRI de forma tal que pareciera que ni en Jalisco ni a nivel federal fuero otro el partido en el gobierno y el PRI representara cambio, guste o no. Los anti priistas sólo saben lo que no quieren, no lo que quieren ni cómo lograrlo, su opción no obedece ni a principios ni a programas. Nuestra democracia y las mayorías que generan merecen oposiciones menos incendiarias y más serias.

martes, 15 de mayo de 2012

Transmisión del poder en Francia


Hoy 15 de mayo recién se realizó la ceremonia de transmisión de poder en Francia en la que Nicolás Sarkosy le entregó el mandato presidencial a Francois Hollande, quien se convirtió en el séptimo presidente de la V República y el segundo socialista. Así, treinta y un años después de que Mitterand llegara a la presidencia, otro Francois también lo hace. En 1980 éste se había acercado a aquel como miembro de un grupo de jóvenes con ideas del que se rodeó Jacques Attalli quien fuera su asesor. Por ello no es fortuito el que Hollande haya calcado de Mitterand su campaña, sus discursos, sus gestos.

Se antoja responder preguntas obligadas como por una parte por qué ganó Hollande, qué representa, quién es íntimamente, qué retos enfrenta, y por otra también cómo se va Sarkosy.

De entrada cabe decir que hace un año nadie hubiera apostado por Hollande. Sin embargo su tenacidad lo llevó a ganar la elección primaria abierta para elegir candidato del Partido Socialista, a pesar de que sus críticos lo calificaban de blando. Después su capacidad de convocatoria lo hizo ganar la primera vuelta de la elección presidencial, y por último vencer el pasado día seis a Nicolás Sarkosy quien tuvo un quinquenio en el que fue creciendo una oposición a su forma de gobernar, la cual generó desencuentros sociales y condujo a tomar medidas de austeridad para enfrentar la crisis económica que lastimaron sobre todo a las capas medias y al sector educativo.

El miércoles anterior a la jornada electoral Sarkosy había debatido con Hollande, en un último intento por ganar los puntos en preferencias que le hicieran vencerlo. Trató vanamente de exhibirlo como inexperto. Contrariamente tuvo que sufrir las  críticas implacables de un contrincante cada vez más crecido que lo ponía a la defensiva, un Hollande que demostraba estar bien informado e inesperadamente a la altura. Fue un verdadero debate, un ping pong de dos mentes brillantes, bien preparadas, con capacidad discursiva y argumentativa.

Sarkosy no había logrado vencer al favorito de los sondajes, no había podido llevarlo a cometer errores, pero es cierto también que logró remontar entre las dos vueltas varios puntos  tras su acercamiento con la extrema derecha, llamando a los seguidores de Marine Le Pen del Frente Nacional a quienes ella les había dicho que decidieran qué hacer mientras ella votaría blanco. Esta política fue insuficientemente exitosa, pero en la jornada electoral lo acercó a Hollande más de lo que creían los expertos y los medios. Ayudó que aumentara la participación en relación a la primera vuelta. Votaron poco más del 80% de la población. No ayudó el que el centrista Francois Bayrou se inclinara por Hollande.

Finalmente Hollande obtuvo 51.62% del sufragio. Muchos de los que votaron socialista más que votar por él, votaron para sacar a Sarkosy del poder, sacarlo por sus arbitrariedades y las injusticias económicas, sociales y fiscales que para ellos produjo su gobierno. Ahora está por verse si Hollande podrá enfrentar la crisis que atraviesa el país con una política que se ha pronunciado por el cambio, y que según él demostrará que la austeridad no puede ser una fatalidad y que se puede poner el acento en la juventud, en la igualdad y en el progreso.

El socialismo de Hollande hasta hoy ha sido resultado de una lucha interna por su identificación personal y de un posicionamiento intelectual. Se sabe que siempre fue más cercano a su madre quien se mantenía interesada por la política y los problemas sociales, mientras su padre era de extrema derecha. Su ideario le hace reconocer los conflictos de intereses en la sociedad y concebir su transformación a través de la negociación, del contrato y de una presidencia unificadora que califica de normal. Hollande promueve un ejercicio diferente del poder y afirma que debe compartirse con el Parlamento, los sindicatos, los cuerpos intermedios y los ciudadanos. En el plano económico su socialismo es un socialismo de la producción más que de la distribución, si bien considera que se debe rehabilitar el impuesto.

En los próximos cinco años tendrá la complicada tarea de concretizar estos planteamientos. La desventaja es que aparte de alcalde de Tulle en la región de la Correze de la que también es oriundo el expresidente Jacques Chirac con quien una vez compitió, sólo se ha desempeñado como diputado y funcionario del Partido Socialista del que fue Primer Secretario. La gran ventaja es el impulso que le dan sus años de luchas con altas y bajas, luchas que hasta hace poco hizo de la mano de Segolene Royale, madre de sus cuatro hijos, quien como él formó parte del equipo de Mitterand, quien como él llegó a la Asamblea, quien como él estuvo cerca del primer ministro Leonel Jospin, quien como él lucho en 1997 por la presidencia ella como candidata y fue derrotada por Sarkosy. En parte Hollande limpia su honor mas no llega con ella al Eliseo, porque en esta lucha esta pareja se deshizo y Hollande se fortaleció con una nueva relación que entabló con la periodista Valérie Trierweiler, quien sin aspiraciones políticas propias se puso a su servicio. Segolene Royale, por su parte, busca ser el líder de los socialistas en la Asamblea.

Paradójica historia ésta y no menos la de Sarkosy un hombre de pasiones y provocaciones pero ciertamente inteligente y de espíritu de lucha. El tiempo dirá si se merecía el odio que provocó en tantos. Su ascenso al poder presidencial le hizo perder a su compañera de entonces. Tras su victoria hace cinco años lo dejó Cecilia Ciganer. Inversamente hoy cuenta a su lado con Carla Bruni y su hija recién nacida para enfrentar su fracaso en el que nunca quiso creer. A mi juicio los errores de su personalidad, más que el de sus políticas, le cobran la factura. Hoy no está lastimado de su corazón, sino de su orgullo.

Su primer discurso tras el anuncio de la victoria de Hollande fue de gran dignidad. Lo felicitó, le deseó suerte y pidió para él el respeto que merece su investidura. Hay algo más importante que ellos, les dijo a los suyos, que es Francia y su porvenir. Agradeció el honor que tuvo de desempeñar su cargo y asumió la responsabilidad de los resultados. Les pidió mantenerse unidos para bien de su partido y de las elecciones legislativas próximas, que Sarkosy no dirigirá porque piensa retirarse. En la UMP sin embargo ya empezaron los jaloneos para sucederle entre los exprimer ministros Alain Juppé y ahora Francois Fillou.

Me gustó mucho también que Sarkosy invitara a Hollande a presidir juntos la fiesta nacional del 8 de junio, y algo también que se dijo en el último consejo de ministros del miércoles pasado que es que así como el móvil de la vida es la muerte, el de la política es que los mandatos terminan.

Por cierto ya hay en la derecha quienes consideran a las legislativas como la tercera vuelta en la que lucharán para convertirse en un contrapeso al gobierno. De hecho los sondajes, que ya vimos que a veces se equivocan, por ahora les dan un poco más de puntos que a los socialistas.

Para el nuevo gobierno no es bueno porque la izquierda haría sin duda mayoría, pero los socialistas les deberían más a sus aliados. Por ejemplo el Frente de Izquierda ya había señalado en su desfile del 1° de mayo que de ganar ellos, a quienes apoyaron manifestando una unidad incuestionable, se mantendrían vigilantes para no ser olvidados. Por eso ayer fue Hollande por última vez al PS a despedirse y a fortalecer a su partido en esta nueva etapa, en vistas de que puedan obtener una mayoría amplia, sólida y leal. Él no será su líder; será Presidente de todos los franceses, dijo.

Así empieza la era Hollande. Todos esperan los primeros nombramientos. Hollande se encontrará, hoy mismo, con la Canciller alemana Ángela Maerkel; difícil encuentro, como será todo lo que se viene.

martes, 1 de mayo de 2012

El posible regreso del PRI

La elección presidencial del próximo julio en México resulta particularmente interesante porque puede definir el regreso del PRI a Los Pinos después de doce años de gobiernos panistas. Para algunos analistas e interesados en el tema, sobre todo de la generación que luchó por el cambio político en el país el cual desembocó en la alternancia, ello significa el regreso al pasado. Personalmente discrepo con ellos. La crisis de legitimidad que desde finales de los años cincuentas enfrentó el sistema político mexicano construido en torno de un partido hegemónico, promovió paulatinamente una apertura política que se expresó en una evolución gradual y constante de la legislación electoral de suerte que el país se abrió poco a poco a la competencia. Ello llevó a movimientos del voto que se hicieron masivos a partir de la elección crítica de 1988. Años atrás de la alternancia, el país ya había cambiado por lo que una posible nueva alternancia no puede reconstruir el pasado. El problema del país no es el posible regreso al poder federal de los priistas, es el tener una democracia limitada la cual sin embargo no creo que se deba a haber sufrido una transición inconclusa. De hecho, en México se ha anquilosado y se ha hecho funcional una democracia gris en la que coexisten varias fuerzas que se enfrentan en distintas dimensiones y de distinta manera. Es una democracia caracterizada por bajos niveles de participación, una pobre representación de los intereses, procesos políticos opacos, una injerencia indudable del gobierno en las elecciones, una legalidad democrática siempre amenazada por el fantasma del fraude y la posibilidad de conflictos postelectorales, y un Estado débil desbordado por la violencia y sin la reglamentación necesaria para producir acuerdos. Ahora bien, Enrique Peña Nieto puede ganar la elección presidencial fundamentalmente porque el PRI perdió la Presidencia de la República en 2000 pero permaneció como el partido más grande con una gran fuerza regional que le permitió seguir ganando elecciones estatales y locales, de suerte que es el partido que gobierna sobre más población. En 2006 no pudo resolver bien una candidatura presidencial que lo mantuviera unido, por eso volvió a perder, pero esta vez las cosas parecen estarse dando de otra manera. El PRI, que siempre fue un partido muy adaptable, supo sobrevivir a la competencia política. Así desde 1989 en que no pudo conservar el poder estatal en la primera entidad, Baja California Norte en donde ganó el PAN, siguió perdiendo en varios estados. Por ejemplo cuando llega Fox a la presidencia además de Baja California Norte, Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Nuevo León y Querétaro estaban en manos del PAN (porque Chihuahua lo había ganado pero el PRI había ya regresado). Además Baja California Sur, el Distrito Federal, Tlaxcala y Zacatecas estaban en manos del PRD, mientras que a Nayarit y a Chiapas habían llegado gobernadores postulados por el PAN y el PRD. Bajo esta misma fórmula hoy el PRI ha perdido Oaxaca, Puebla y Sinaloa (también Sonora en manos del PAN sin coalición), pero ha recuperado Aguascalientes, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Tlaxcala y Zacatecas, además de San Luis Potosí, Michoacán y Yucatán que había perdido más adelante. Sin embargo en ninguna entidad, incluso en las que nunca ha perdido, juega el PRI sin competencia. En algunas sí, es cierto, ha sido más predominante como en Coahuila y Tamaulipas, pero en otras ha convivido con una importante oposición aunque dividida. Tal es el caso del Estado de México, Hidalgo y Quintana Roo. De hecho existen asimismo estados tan competitivos que el PRI nunca los ha perdido pero ha estado a punto como Campeche, Colima, Durango, Tabasco y Veracruz. Igual casi ha recuperado algunas otras entidades como Baja California Norte o Jalisco. En la mayoría de los estados es el PRI que compite ya sea con el PAN o el PRD, siendo que en pocos el juego es entre tres partidos: el Estado de México, Hidalgo y Quintana Roo que ya citamos además de Durango, Michoacán, Tlaxcala y Veracruz. Son pocos pero más de los que se suelen mencionar. Por el contrario, sólo en el Distrito Federal y Guanajuato el PRI no es competitivo. El PRI puede ganar la próxima elección presidencial no sólo porque ha seguido siendo un partido con gran asentamiento, una presencia y una estructura interna incomparables, sino porque ha sido también un importante partido parlamentario, tanto cuando ha sido primera minoría (de 2003 a 2006 y de 2009 a la fecha) como de 2006 a 2009 cuando cayó el número de sus asientos en la Cámara de Diputados debido a que la elección presidencial arrastró las elecciones legislativas. En suma, tan el PRI sabe ganar distritos uninominales que en la coyuntura actual que tanto lo favorece quiere y a lo mejor puede conseguir la mayoría absoluta en el Congreso. El PRI nunca se fue. Esto es lo que demuestra el estudio de las diferentes dimensiones de la política en México. Si el PRI vuelve al poder federal es por errores de otros partidos, partidos que seguirán teniendo presencia en el país y que le seguirán haciendo competencia. En suma a aquellos que temen que con el regreso del PRI se regresará a las viejas maneras de hacer las cosas, a las viejas corruptelas, quiero recordarles que ningún otro partido gobernante en México ha demostrado ser diferente. Que las cosas se hagan de forma diferente es el reto de nuestro país.