sábado, 24 de septiembre de 2011

Primarias en el Partido Socialista francés, octubre 2011

Las elecciones primarias que el Partido Socialista francés llevará a cabo próximamente como sistema para seleccionar a su candidato a la contienda presidencial que enfrentará en 2012, fueron aprobadas el 1° de octubre de 2009 con 68% de la votación y deben entenderse como el resultado político de tres fracasos sucesivos de este partido en elecciones similares.

Por primera vez en la V República, un partido político designará a su candidato a través de la movilización de un cuerpo electoral que rebasa a sus adherentes, quienes fueron los únicos que votaron en primarias de ese partido en 1996 o 2006. En efecto para poder participar esta vez sólo hace falta ser simpatizante, estar inscrito en la lista nominal de electores, hacer un donativo destinado al financiamiento de la operación electoral mínimamente de un euro, y firmar una carta de compromiso con los valores de la izquierda.

Este procedimiento para algunos analistas representa la democratización del partido, en tanto le da nuevos derechos a los electores y fuerza al aparato partidista a adoptarse a la decisión del conjunto de la población de izquierda quitándole a la organización un monopolio. Según esta posición al fomentar una democracia “delegativa”, se contribuye a la disminución del elitismo. Sin embargo para otros analistas, con los que concuerdo más, significa una doble ruptura con la tradición parlamentaria y con la soberanía de la militancia socialista.

Es una ruptura con la tradición socialista porque mediante esta fórmula las individualidades trascienden al colectivo y el partido acepta la personalización creciente de la vida política. En efecto se abre a la competencia entre liderazgos, bajo los reflectores de la dramatización de los medios de comunicación.

Es una ruptura también con el partido de militantes porque tradicionalmente eran ellos quienes fijaban la línea política colectiva. Al perder la exclusividad de la selección de sus candidaturas, el partido se expone al veredicto de la opinión pública, en tanto los simpatizantes se dejan influir más por la coyuntura y la popularidad de los contendientes.

En suma extraña que un partido como el Partido Socialista históricamente hostil a la presidencialización apruebe un proceso que la consagra y simultáneamente devalúa el militarismo. Incluso cabe señalar que Francois Hollande y Martine Aubry, quienes actualmente se enfrentan y encabezan los sondeos de estas primarias, se oponían a este método. También vale la pena decir que los partidos aliados al Partido Socialista, notablemente el Partido Radical de Izquierda, rehusaron tomar parte en este proceso.

Así, existe una cierta falsedad en la pretensión democratizadora de las primarias abiertas. En efecto a los electores sólo se les introduce parcialmente en el proceso. Finalmente deben decidirse entre precandidaturas estructuradas previamente por las relaciones internas del partido. Por lo mismo el ejercicio que implica dicho proceso no conlleva realmente deliberación, ya que realmente no se confrontan ni visiones del mundo, ni programas. Creerlo sería una ilusión procedimental.

De hecho el procedimiento que implica llevar a cabo elecciones primarias abiertas debilita a los partidos, mientras acentúa la lógica de la opinión y el papel de los sondeos. Aceptándolas el Partido Socialista francés deslegitima al movimiento obrero, le da la espalda al partido como instancia de elaboración colectiva y educación, y lo limita a ser una máquina electoral. Pareciera que de frente a su crisis interna, ideológica y organizacional, no puede concebir que su aparato hoy desacreditado pueda legitimar por sí mismo a su futuro candidato. Así sus dirigentes aceptaron caer más en el dominio mediático.

En este contexto se realizó aquí, el pasado fin de semana, el primer debate televisivo entre los seis precandidatos, un debate extrañamente insípido, sin gran enfrentamiento, prueba de que el procedimiento elegido que hoy comento fragiliza a la izquierda.

martes, 9 de agosto de 2011

La izquierda hacia el 2012

Contra quienes piensan que las elecciones presidenciales de 2012 ya están escritas y que difícilmente se puede construir una opción competitiva frente a la de Enrique Peña Nieto por el PRI, pienso que en esta coyuntura puede haber sorpresas sobre todo de parte de la izquierda, si nos atenemos al análisis de sus debilidades pero también de sus fortalezas.

La gran debilidad de la izquierda en México ha sido su divisionismo interno que la lleva hoy por hoy a expresarse en tres partidos, el PRD, Convergencia recientemente rebautizado como Movimiento Ciudadano y el Partido del Trabajo, en el interior de los cuales en mayor o menor grado a su vez se enfrentan corrientes y grupos cuya falta de acuerdos repetidamente ha amenazado con escindirlos. El fenómeno es viejo. Ya desde 1977 cuando se impulsó la reforma que dio pie a la apertura política del país, la izquierda empezó a vivir sus primeras divisiones, entre por un lado los que consideraban irrelevante entrar al juego electoral mientras no se modificaran las condiciones económicas y sociales del país, y por otro lado los que veían en las nuevas reglas del juego político una oportunidad para ocupar espacios que a largo plazo condujeran a cambios más profundos. Las dos líneas han tenido diversas expresiones a lo largo de los últimos 30 años, dando origen a dos formas de entender la lucha electoral en el seno de la izquierda, una más frontal, más movilizadora y radical, y otra más moderada y negociadora.

Como producto de este divisionismo, pero sobre todo por tener concentrada su votación en pocos estados, el rendimiento electoral del PRD en particular ha tenido altibajos en sus resultados. Por ejemplo en el mejor de sus años cuando casi ganó la Presidencia Andrés Manuel López Obrador el PRD sólo llegó a ganar diputaciones por mayoría en 14 entidades que ya para 2009 bajaron a ocho. Ello se tradujo en 127 curules en 2006 (ni siquiera el tercio de las curules cuando había obtenido el tercio de la votación), contra 71 en 2009. Ciertamente el que el PRD haya deshecho ese año su alianza con el PT y Convergencia y el que su dirigente entonces, Jesús Ortega, estuviera en pugna con AMLO ciertamente lo afectó, mientras esa misma situación salvó el registro de los partidos chicos a los que éste apoyó.

En este contexto los resultados de la izquierda en el 2012 dependerán, como casi todos lo saben, de si se presenta unida a las elecciones y si es López Obrador, representante de su ala más radical, o Marcelo Ebrard, representante de su ala más moderada, su candidato. Los dos están en precampaña decidida. El primero, lo cual es una gran fortaleza, desde el momento en que consideró hace cinco años que se le robó la Presidencia; hoy se organiza a través del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) con un proyecto de nación muy parecido al del Partido Movimiento Ciudadano. De hecho ambos promueven un modelo económico para combatir la pobreza con intervención estatal pero racionalidad del gasto y apertura de medios de comunicación, además de un cambio en la vida pública de abajo a arriba de tal suerte que haya más participación y se controle la corrupción en la impartición de justicia.

Ebrard, por su parte, ha ido cuidadosamente consolidando sus aspiraciones las cuales hoy legitima con base en su gestión de gobierno en la Ciudad de México la cual sus seguidores califican de vanguardia. Así hace casi diez días echó a andar el movimiento Demócratas de Izquierda (DI) con el apoyo de la corriente mayoritaria del PRD Nueva Izquierda, que mantuvo la Presidencia del partido con Jesús Zambrano y a la cual pertenece el líder del senado Carlos Navarrete, aunado a Foro Nuevo Sol del cual es líder Amalia García, exgobernadora de Zacatecas, Izquierda Renovadora y Unidad y Renovación.

Los dos precandidatos han reiterado su voluntad de declinar en su momento a favor de quien se encuentre mejor posicionado. Al respecto se están definiendo las formas que puede adquirir dicha medición. Zambrano ha señalado la posibilidad de hacer sondeos y entrevistas tras que se lleve a cabo un debate entre ellos. Queda mucho por definir y sobre todo importa qué población será consultada, es decir si serán únicamente perredistas o si el mecanismo estará abierto.

Así las cosas, la gran interrogante es si López Obrador estaría dispuesto a ceder si el mecanismo elegido favorece a Ebrard. Al respecto yo opino, como muchos, que el que López Obrador vaya a ceder es remoto. Prueba de ello fue la tenacidad con la que se opuso a una candidatura común PRD-PAN para la contienda del Estado de México. Una coalición de este género era la única posibilidad que tenía su partido de vencer al PRI en la entidad. Sin embargo el proyecto que había ido acercando al PRD al PAN era un proyecto encabezado por el ala moderada, representada en su momento por su dirigente Jesús Ortega y Manuel Camacho, líder del DIA (Diálogo para la Reconstrucción de México). López Obrador no quiso que siguieran avanzando como lo hicieron desde el 2010.

Sin embargo también es cierto que las dos alas habían logrado ponerse de acuerdo para la renovación de la dirigencia nacional con el resultado que la Presidencia del partido permaneció en manos de los “chuchos”, mientras la Secretaría General la tomó Dolores Padierna afín a López Obrador.

A mi juicio, las posibilidades que el PRD crezca en la contienda presidencial próxima con la fuerza de sus liderazgos depende por una parte del apoyo que reciba AMLO de la maquinaria perredista más afín a Ebrard, en caso de que ganara la candidatura del partido, cuando la experiencia del 2006 demostró que todos los perredistas se benefician del avance de su candidato presidencial por el efecto del arrastre del voto con lo que puede esperarse que sí se de dicho apoyo, pero no creo que si fuera el caso en esta ocasión se repita la correlación de fuerzas que entonces lo favoreció y él desperdició por su radicalismo.

Por otra parte, lo que pueda suceder también depende de la actitud que tome AMLO si no logra imponerse al PRD. Si se va sólo con los partidos chicos que hoy están con él y seguramente lo apoyarían, dividiría el voto de la izquierda en su perjuicio. Pero si por el contrario apoya a Ebrard, podrían dar una sorpresa.

En efecto Marcelo Ebrard es la alternativa que más posibilidades ofrece de conquistar el voto de los ciudadanos indecisos cansados de los gobiernos panistas pero dudosos de que el regreso de los priistas a los Pinos sea la solución, ciudadanos que a su vez se oponen a la opción AMLO.

Asimismo López Obrador le puede aportar a Ebrard incluso todo su capital político si así lo quiere, mientras que Ebrard no puede hacer lo inverso, porque de no ser él el candidato algunos de sus simpatizantes dejarían de votar por la izquierda. Por eso Ebrard, sin López Obrador en las boletas y de su parte, representa una opción que le podría hacer la competencia a Peña Nieto, más si Felipe Calderón no gana en el proceso de selección del candidato del PAN y recibe informalmente su apoyo con tal de que el PRI no recupere la Presidencia de la República.

Claro que puede haber sorpresas.

martes, 26 de julio de 2011

La carrera a la Presidencia I

¿Cuál es el saldo de la transformación del sistema político desde la reforma de 1977? A diferencia de hace casi treinta y cinco años hoy tenemos un estado más débil e ineficiente, pero gozamos los beneficios de una competencia partidista que se traduce en pluralidad. Pese al desencanto que nos puede producir nuestra joven democracia y las instituciones que la sostienen, la distribución del poder en más manos, así como un mayor equilibrio de poderes ha asegurado una mayor circulación de élites además de un ejercicio gubernamental menos arbitrario y una mayor transparencia. No son logros menores como tampoco lo es el que la posibilidad de la alternancia haya servido para controlar a quienes tienen en sus manos responsabilidades públicas y presupuesto para desempeñarlas.

De frente a este saldo observo los movimientos de los partidos políticos hacia la contienda presidencial de 2012, movimientos que en una buena medida van a definir las cifras electorales que tengamos dentro de menos de un año.

Al respecto nadie debería querer resultados tan cerrados como los de 2006 cuando varias irregularidades en las campañas y el ínfimo margen con el que se definió al ganador de la contienda dejó una sociedad dividida y produjo un conflicto que demostró fallas en la legislación por las cuales las instituciones electorales no pudieron responder al reto de tal encuentro.

Nadie debería querer tales resultados porque las reformas han sido imperfectas e insuficientes y hoy las instituciones electorales siguen siendo endebles. Baste mencionar la sobrecarga de trabajo que tendrá el IFE pese a las voces de alerta que a tiempo expresó, aunado ello a un Consejo General incompleto por falta de acuerdos para integrar a tres nuevos miembros.

Por otra parte habiéndose quedado en el tintero, además de pequeños ajustes a la normatividad electoral o la redacción de leyes secundarias necesarias, una verdadera reforma política que ponga acorde nuestra ingeniería constitucional a nuestra nueva realidad, nadie debería querer tales resultados porque generan encono social junto con problemas de legitimidad para el ejecutivo y problemas de gobernabilidad como resultado de la falta de una mayoría afín en el Congreso.

Sin embargo, tampoco son deseables resultados electorales que debiliten nuestro sistema de partidos por márgenes de ganancia demasiado amplios. Requerimos de cámaras suficientemente plurales que representen la diversidad política del país. Requerimos de gobiernos más fuertes pero que necesiten negociar con las minorías que los enriquecen y sepan entablar un diálogo acertado que lo haga posible.

Por eso es que veo con preocupación el que el PRI aparezca tan adelantado en las preferencias electorales para el 2012. Es un PRI que hoy tiene un precandidato muy sólido a la Presidencia en el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, al que Manlio Fabio Beltrones, líder de la bancada de su partido en el Senado y su único contrincante interno, en su exitoso esfuerzo (hay que reconocerlo) por sobresalir como opción propositiva parece más bien proteger mientras éste, luego del éxito que se apuntó en la elección para gobernador en su entidad, pone en marcha su red de movilización ciudadana Expresión Política Nacional compuesta de operadores que buscan primero imponerlo como abanderado del tricolor y luego ganar la elección presidencial.

Esta organización hereda la estrategia de Fuerza Mexiquense que desde épocas del exgobernador Arturo Montiel operaba en el estado y fuera de él supuestamente al margen del PRI. Por eso no se puede señalar que Peña Nieto esté en precampaña pero sí se sabe que varios gobernadores priistas le deben su fuerte apoyo.

Así las cosas, ni quien le crea a la dirigencia nacional de su partido encabezada por Humberto Moreira cuando afirma mantener una posición neutral como tampoco puede creerse el que pretenda evitar una guerra sucia contra el gobierno federal si el fin de semana, en los preparativos para la renovación de su Consejo Político que entrará en funciones el 23 de septiembre próximo y definirá el método de selección de su candidato, se distribuyó un documento crítico a los resultados de 10 años de panismo.

Expresión Política Nacional compite ahora con el Movimiento Regeneración Nacional puesto en marcha por Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo sobre las actividades de MORENA caben dos señalamientos. Uno, no demostraron los resultados esperados en la pasada elección del Estado de México y dos, conllevan el riesgo de dividir a la izquierda porque todos leemos que López Obrador irá en las boletas con o sin el PRD si éste se inclina por la candidatura de Marcelo Ebrard y desde luego lo haría con el PT y Convergencia. Frente a un PRI unido como no pudo estarlo en el 2006, el PRD pese a contar con importantes liderazgos -ya en campaña desde hace un buen tiempo- sufre de una estructura interna que desde su origen enfrenta a distintas tribus que hoy lo pueden llevar a su minimización.

Pero los problemas de unidad afectan también al panismo, que avanza contradictoriamente en varias pistas: la de la dirigencia del PAN, la de los interesados en la candidatura del mismo y la del Presidente Calderón.

Hace ocho días el dirigente Gustavo Madero les pedía a los siete presidenciables de su partido comprometerse a cuidar el proceso interno y también que buscaran reducir su número a dos o tres para apuntalarlos mejor. La resistencia de ellos fue notoria si bien días después sólo declinaron Javier Lozano y Heriberto Félix, secretarios del Trabajo y de Desarrollo Social respectivamente. Ni siquiera Alonso Lujambio, secretario de Educación y hombre cercano al Presidente, ha decidido renunciar a sus aspiraciones pese a que los dados se ven cargados a Ernesto Cordero, secretario de Hacienda. Sin embargo se entiende el que personajes más independientes como Santiago Creel se haya retirado de su curul en el Senado para luchar por la nominación, o que Josefina Sánchez Mota siga en la contienda.

Nada aboga por una solución sencilla y que los vaya a mantener unidos (pese a los métodos que ayer mismo sugería Madero para bajar el número de aspirantes), menos aún la inexplicable actitud de Calderón de seguir insistiendo en la alternativa de un candidatura ciudadana. Esta situación ciertamente agrava las perspectivas del partido, dado el mal desempeño electoral que ha tenido como producto del desgaste derivado de gobernar.

En este contexto lo que más conviene para la contienda del 2012 es que no sólo el PRI sino todos los partidos, particularmente el PRD y el PAN, resuelvan bien los procesos de selección de sus candidatos presidenciales para que se cumplan los requisitos democráticos de que los electores tengamos opciones, de que las elecciones interesen y de que sean competitivas.

martes, 12 de julio de 2011

Elecciones estatales 2011

Los comicios que se celebraron el pasado 3 de julio en el Estado de México, en Coahuila y en Nayarit para elegir gobernador, en las dos últimas entidades para renovar los Congresos locales e igualmente en Nayarit las presidencias municipales, como sucedió en Hidalgo, han producido varias impresiones equivocadas o que al menos vale la pena matizar.

La elección más sonada fue la del Estado de México principalmente por la importancia en tamaño de su lista nominal de electores de frente a la contienda federal de 2012 en la que además el gobernador del lugar Enrique Peña Nieto se dibuja como el precandidato más fuerte del Partido Revolucionario Institucional. Es cierto: el que este partido ganara con una amplia ventaja, como de hecho lo hizo, era un importante requisito para lograr su nominación. Sin embargo ello no quiere decir ni que ya sea inevitable que Peña Nieto se presente por el PRI a la próxima elección presidencial, ni menos que el PRI vaya a regresar inexorablemente a los Pinos.

Los resultados que logró el priismo mexiquense rebasan la habilidad política del gobernador del estado. Otra historia hubiera sido si el PAN y el PRD se hubieran puesto de acuerdo para ir en coalición. Como dice Cuauhtémoc Cárdenas, aún así no es seguro que hubiera ganado la oposición pero al menos la jornada hubiera sido más competitiva: el PRI no hubiera ganado con más de cuarenta puntos de ventaja y el PAN no se hubiera desplomado a menos del 13 por ciento de la votación. Las negociaciones para una coalición abortaron por la oposición vehemente a tal política de Andrés Manuel López Obrador quien amenazó de ir con Alejandro Encinas sólo con el PT y Convergencia, lo cual según ciertos analistas le hubiera quitado al PRD un 40% de su votación. So peligro de escindirse, la fracción moderada y aliancista tuvo que ceder, lo cual a todas luces no significó que realmente operara su maquinaria a favor de su candidato. El PAN por su parte no contaba con un plan B ni con un candidato más idóneo que Luis Felipe Bravo Mena. Es de suponerse que su votación se sintió de tan mala candidatura; parte de sus simpatizantes votaron PRI o contribuyeron a aumentar a casi 4% el voto nulo y el abstencionismo a más del 56%.

Lo que sí se le debe reconocer a Peña Nieto fue la habilidad que demostró al favorecer la candidatura del PRI de Eruviel Ávila, el más independiente de los precandidatos que había, y que hubiera sido pieza fácil para construir una coalición opositora viable a la que podría haberse sumado un priisimo del Valle de México descontento por el predominio del grupo Atlacomulco en el caso de que la balanza se hubiera inclinado, como muchos suponíamos, por su pariente Alfredo del Mazo Maza.

Enrique Peña Nieto queda fortalecido por los resultados obtenidos y ya se apresta a la carrera presidencial. En su partido, sin embargo, se siguen oyendo voces de otros precandidatos como Manlio Fabio Beltrones quien ha logrado dejar atrás los rumores de ciertos vínculos con el crimen organizado que injustificadamente le señalaban, para representar una opción menos carismática pero también ganadora según los sondeos de opinión y caracterizada por propuestas concretas. Peña Nieto se encuentra en mejor posición, pero en un peligroso primer lugar.

Ahora bien, por lo que se refiere a si los triunfos del PRI anuncian la victoria que va a tener en el 2012 cabe señalar que el comportamiento electoral difiere según el tipo de elección y que los resultados de las elecciones estatales son producto de las relaciones regionales de los grupos de poder, los cuales se recomponen en elecciones federales.

Además, si observamos en detalle los resultados electorales de este julio el PRI ganó con menos contundencia en Coahuila y sobre todo en Nayarit en donde con su candidato Roberto Sandoval tan sólo aventajó a la candidata del PAN, Martha Elena García, por siete puntos porcentuales y además perdió contra ese partido cuatro de 18 distritos en la elección de diputados y ocho de 20 ayuntamientos. Pero aún en Coahuila, en donde con Rubén Moreira casi duplicó la votación del panismo, lo dejó alcanzar un poco más del tercio de los votos en un avance histórico que ha sido sistemático en la entidad. Por otra parte, en Hidalgo también se produjo una fragmentación partidista tal que el PRI únicamente ganó la mitad de las presidencias municipales (42 de 84).

O sea el PRI sigue perdiendo elecciones como puede perder la presidencial de 2012. Para no ir muy lejos a comienzo de este mismo año no pudo reconquistar ni el gobierno de Guerrero, ni el de Baja California Sur. En Guerrero sufrió una escisión en la figura del exgobernador del PRI Ángel Aguirre con el cual el PRD pudo conservar el poder, y en Baja California Sur no aprovechó el divisionismo al interior del PRD como lo hizo el PAN, partido que ganó la elección con un perredista inconforme, Marcos Alberto Covarrubias, porque no obtuvo la candidatura de su partido.

Mejores pruebas son aún los resultados de las contiendas de Oaxaca, Puebla y Sinaloa, de 2010, en donde las coaliciones PAN y PRD demostraron la eficiencia suficiente como para dejar atrás los gobiernos priistas.

En suma los resultados electorales recientes no presagian el regreso del PRI, ni tampoco significan una involución de la democracia. Las democracias no se debilitan porque un partido gane con amplio margen. Sin embargo sí se debilitan, y ese es el verdadero problema que tenemos en el país, por carecer de autoridades electorales verdaderamente imparciales, por elecciones inequitativas y por la compra del voto.

Nuestras autoridades electorales nunca han estado totalmente ciudadanizadas. Todas y siempre, con menor y mayor recato, han obedecido a intereses. Sin embargo los votos hoy se cuentan, se cuentan bien y eso es por lo menos un avance. En este sentido es inadmisible regresar a la vieja cultura de reclamar fraude cuando los resultados no gustan.

Por último lo que más hay que combatir, a mi juicio, es que los gobiernos todos de todos los colores partidistas siguen interviniendo en los procesos electorales, todos hacen guerras sucias en la medida de sus posibilidades, todos recurren al clientelismo. Son prácticas que no han desaparecido y no que hoy regresan.

En esta realidad gris en la que nos encontramos, se ha construido una nueva realidad. Ello no quiere decir que el avance democrático no pueda refundar hegemonías.

viernes, 17 de junio de 2011

La estrategia electoral del PAN y del gobierno federal

Felipe Calderón está desesperado, de eso no hay la menor duda, y actúa como un hombre desesperado: improvisa, se contradice, se equivoca, se enoja, vocifera; lo malo es que es Presidente de México y todavía por año y medio. Creo que lo más probable es que serán los peores de su vida, hasta ahora. Esperemos que no salgan dañadas las frágiles instituciones democráticas de este país. Ya bastante daño nos ha hecho con su grandioso deseo de combatir frontalmente la violencia en el país.

En este análisis, cabe distinguir que son dos los retos que enfrenta desde su perspectiva: lograr imponer su candidato presidencial al PAN, partido cuyo dirigente actual Gustavo Madero no es un hombre suyo, y asegurar el triunfo de su partido en la contienda correspondiente. Sí, el cómo va a gobernar durante estos largos 18 meses, es la última de sus preocupaciones. Calderón está en lo electoral.

En la medida que nuestro presidente se debilita, porque las cifras son elocuentes, se ha debilitado, crece la posibilidad de no poder imponer al candidato panista para el 2012. A todas luces quiere a Ernesto Cordero, pero ni su gabinete se le cuadra. Junto a un destape como el de Alonso Lujambio, siguen pujando los panistas que no están bajo su control, Santiago Creel y Josefina Mota a la cabeza. La fuerza de estos últimos crecerá con la vergonzosa derrota que sufrirá el PAN en el Estado de México. Ciertamente no se preparó Calderón para un plan B, si no había coalición con el PRD. El resultado de las coaliciones estatales del 2010 lo entusiasmaron. Ni siquiera leyó las cifras de que, aún con coalición, ganaba el PRI. Hasta hoy busca infructuosamente la estrategia de conseguir un honorable segundo lugar.

Bien haría Calderón de ceder a su partido la candidatura presidencial y de apoyarla como lo hizo Fox. Porque esa estrategia la sumaría posibilidades de ganar en el 2012 a su partido, de frente a la ya casi segura candidatura de Enrique Peña Nieto. Quizás y remotamente quizás sólo así se podría repetir la hazaña panista del 2006, a pesar de que esta vez el PRI ha demostrado una unidad que no tuvo con la imposición de la candidatura de Madrazo.

Al respecto, que el PAN pudiera ganar la lucha presidencial que se avecina sí lo creo, porque no debemos olvidar varios elementos: uno, el comportamiento del voto difiere en elecciones presidenciales por lo que el triunfo del PRI en las contiendas estatales durante este sexenio y en el 2009 no tiene inevitablemente que repetirse; dos, siguiendo las tendencias electorales el PAN en el peor de los casos sólo tendría que remontar diez puntos, lo cual es factible hacer en una contienda presidencial cuando ya el PAN defina su candidato y empiece a apoyarlo (cabe entender que hoy por hoy está retrasado respecto a los otros partidos); tres, que la disciplina priísta puede perderse en cualquier momento (de que vieran a su candidato peligrar en la lucha presidencial, los gobernadores del PRI tendrían pocos incentivos para no mantenerse al margen o incluso secretamente pactar con el candidato panista y aún perredista que estuviera a la cabeza).

Creo que Calderón no tiene la salud que se requiere para enfrentar la pérdida de un poder como es el presidencial en México. Peor será su situación si se cumple su peor pesadilla de entregar la banda presidencial a un priísta. Esperemos que eso lo motive para construir la posibilidad de elecciones más competitivas de las que se auguran. Todos saldríamos ganando, hasta los analistas políticos los cuales tendríamos más materia de estudio.

La Caravana del Consuelo

Ante el dolor y la injusticia, el poeta Javier Sicilia con la muerte de su hijo a cuestas inicia, como algunos otros padres en duelo por el desbordamiento de la violencia en México y el fracaso de la estrategia gubernamental para enfrentarlo, una acción pública que lo llevó de Cuernavaca al Zócalo hasta ciudad Juarez en una caravana reflejo de la crisis del Estado en México.

Es una crisis fundamental del Estado porque se basa en la incapacidad estatal de monopolizar el uso de la fuerza física. A su vez para enfrentar esta crisis, el Estado ha recurrido a acciones que ponen en crisis al Estado de derecho en tanto constituyen una respuesta, llámese guerra o combate, desarrollada a su arbitrio al sacar particularmente de los cuarteles al Ejército sin normas que regulen su intervención y limiten su rol, el quién, cuándo, cómo y en qué medida puede intervenir. Estas dos crisis la del Estado en sí y la del Estado de derecho debilitan y ponen asimismo en crisis al Estado democrático, del que emanan las instituciones que supuestamente deben convertirse en caminos para la solución pacífica de los desacuerdos sociales. Sin un Estado eficiente, de frente a la violación de derechos básicos como es la protección de la vida, como respuesta a la indignación, al enojo que ha pasado al miedo y al terror, la sociedad se subleva ante un gobierno que no parece escuchar, y partidos políticos que han perdido representatividad y no canalizan sus demandas.

La Carava del Silencio es esto: una forma de respuesta de la sociedad en principio desorganizada, sin objetivos precisos, hasta cierto punto incoherente y manipulable por múltiples intereses pero sinceramente escandalizada, encabezada no lidereada por un padre doliente que como arma sólo tiene la fuerza de sus palabras.

El discurso de este movimiento, porque eso es un movimiento social, hace un llamado a la desobediencia civil a través de sumar conciencias. Pretende visualizar a las víctimas, que emerjan los rostros de los agraviados, de los familiares y amigos de las bajas colaterales de una estrategia gubernamental fallida.

Me opongo a quienes critican a los manifestantes porque en su lucha no hay táctica, no hay propuestas viables, porque se equivocan de enemigo en el sentido que olvidan a los verdaderos responsables, los delincuentes, y arremeten contra las autoridades, llámense gobiernos a todos los niveles, Congreso y hasta partidos políticos en tanto todos son gobierno y no han sabido gobernar, o porque finalmente su esfuerzo no lleva a nada.

Para mí no resulta extraño, ni inútil, el que se cubrieron 2500 kilómetros en aproximadamente una semana para finalmente en Ciudad Juarez tomar una serie de acuerdos en nueve mesas de trabajo en las que se aceleraron los ánimos de manera diferenciada, acuerdos que para el mismo Sicilia son una carta utópica por lo que sólo reconoce los seis puntos firmados en mayo, surgidos del gran mitin del Zócalo.

De hecho la Asamblea Juarense por la Paz con Justicia y Dignidad se exigió -este es el verbo “exigir” que refleja la emoción y el enojo antes que voluntad de planear racionalmente- la creación de varias leyes como una que defienda los derechos de las víctimas y sus familias, y otra de seguridad ciudadana, asimismo se convocó a un foro por la desmilitarización, a rediscutir la despenalización de las drogas, a afinar la transparencia y rendición de cuentas a través de contralorías ciudadanas de funcionarios, a cambiar los programas de atención a los jóvenes, a impulsar los mecanismos de consulta popular, entre otros puntos.

Si no se reconocen estos acuerdos, porque sí es cierto se disparan tanto que exigen recuperar sic los niveles de vida y tocan intereses tan variados, no digo que no legítimos, como los de ciertas comunidades indígenas que están viendo violentado su patrimonio y derechos, ¿querrá decir que tal movilización ha sido un fracaso? Yo no lo veo así. El recorrido de la caravana expuso a la luz no sólo a los indignados, que en México como en España tenemos los nuestros, sino también a organizaciones que tienen tiempo trabajando desde la sociedad así como a ciertas iniciativas. Cadhac (Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos), Justicia Sin Fronteras, Laguneros por la Paz, Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila, No + Sangre, y el Centro de Derechos Humanos Paso del Norte de Ciudad Juarez que fue atacado por policías federales poco antes de la llegada a la ciudad de la marcha, son algunos de sus nombres.

Yo desconocía ciertos de ellos y poco se aún del trabajo que hacen. Igualmente desconocía de los reclamos de Cherán contra los talamontes o los de la nación Wirikuta o Wixarika (aún no se si son una o dos) o los de los mineros de San José en San Luís Potosí que por años han denunciado la contaminación del agua por la explotación de la mina por una transnacional.

La crisis del Estado en México, el desmoronamiento del estado de derecho y la debilidad democrática reciben como respuesta el reclamo de una sociedad que no cree en sus autoridades, ni en sus partidos. Grita. Del otro lado pareciera, sólo pareciera que no la oyen, porque priva más el silencio y en el ambiente se siente un cierto rencor por el reclamo. Al menos ya se expresó el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU. Esto fue sin duda un logro ¿o no?

jueves, 5 de mayo de 2011

De beatificaciones y guerras santas

El último fin de semana tuvo algo de medieval: se casó un príncipe, se dio el primer paso para una santificación y se ajustició al mayor de los villanos. Me quiero detener en los dos últimos acontecimientos y me pregunto cómo estudiarlos desde una perspectiva politológica.¿En efecto, qué tiene que ver la beatificación de Juan Pablo II con la política y más aún con la política a nivel nacional? ¿Cómo comentar la muerte de Bin Laden desde la perspectiva mexicana?

Por lo que se refiere al primer tema, cabe señalar que el papado de Juan Pablo II fue un papado eminentemente político, al interior y al exterior de la Iglesia misma. Al interior de la misma se definió del lado de las posiciones conservadoras que habían sufrido a Juan XXIII, el Concilio Vaticano Segundo y el auge de la teología de la liberación. Ello forzó a la Iglesia a seguir detrás de la historia condenando el divorcio, los anticonceptivos, el aborto y la homosexualidad, condenando a los sacerdotes a sostener una vida de celibato y a las mujeres a permanecer en un rol rezagado. Su política exterior no fue ideológicamente diferente. Arremetió contra los regímenes socialistas, aunque criticó al capitalismo deshumanizado. Sin embargo cabe reconocer que fue abierta frente a los otros credos y fortaleció el ecumenismo. En efecto, Juan Pablo II también se oponía al ala más ortodoxa de la Iglesia.

En suma el que este trascendente Papa no haya sido políticamente neutral es una de las razones por las cuales su beatificación resultó polémica, pero hubo más. Frente a las evidencias de los abusos de sacerdotes dedicados a la formación de jóvenes en varios rincones, en particular en las filas de los Legionarios de Cristo, siendo el caso del fundador de la orden Marcial Maciel el caso más apabullante, no puede negarse el hecho que hubo encubrimiento de los hechos. Estos escándalos ciertamente llegaron a tambalear la beatificación del tan querido Papa y de ahí, a mi juicio, que se hiciera un fast track en el asunto. Las autoridades eclesiásticas no podían admitir ser inculpadas por los crímenes de algunos de sus miembros.

Finalmente la beatificación de Juan Pablo II en términos religiosos no la justifico por el manejo institucional de este hábil político que él fue, la justifico como reconocimiento a su gran personalidad, a su capacidad carismática, a su fuerza espiritual que movió conciencias, a la fe que transmitía, a su dulzura que perdura, consuela, empuja y sana.

Me queda el sinsabor de que me hubiera gustado que este gran creyente que conmovió multitudes hubiera sido más liberal, que hubiera modernizado a una Iglesia que en muchos aspectos se ha quedado detrás de otras religiones, religiones en las que quienes se quieren dedicar a la vida sacerdotal no tienen que negar su sexualidad, en las que las mujeres pueden ordenarse, en las que el divorcio es admitido así como el control natal, en las que la fe no se disocia de la vida cotidiana sino orienta la vida familiar, profesional y la política.

La decisión de Calderón de asistir a la beatificación de Juan Pablo II, que es otro de los puntos de análisis que nos puede importar, obedeció desde luego a un cálculo político. Las encuestas son claras: más del 90% de la población lo aprueba en un país eminentemente católico. La legalidad está salvada porque acude como Jefe de Estado a una ceremonia del Vaticano. Se ha negado a otras invitaciones, pero a ésta asiste porque es redituable electoralmente. La agenda y los movimientos de nuestro Presidente, por más que lo niegue, no están puestos más que en julio del 2012. Por este cálculo prefiere dejarnos de gobernar. Si cumple su meta bien, si no ya tendrá a quien encomendarse porque los hoy suyos se le echarán encima. Quizás por eso fue también a la beatificación.

Por otra parte, el discurso del anuncio de la muerte de Bin Laden por el Presidente Obama simplemente me produjo envidia. Un discurso que resulta creíble, aunque no hayamos visto ni una foto del cuerpo. Un discurso que levanta el ánimo, que repara el orgullo lastimado de un país, que llama a la unidad dando el ejemplo de reconocer el papel de los adversarios políticos, un discurso que refleja eficiencia y rumbo. Esta fiesta nacionalista que produjo el ajusticiamiento del terrorista más buscado, quien le declaró la guerra al imperio y produjo más de 3000 muertes en su territorio, hecho sin precedentes, contrasta con los ánimos caídos en un México cada vez más inseguro y violento.

Prácticamente nadie discute el costo de esta venganza en dos guerras y miles y miles de muertos, casi nadie recuerda que Bin Laden fue aliado de Estados Unidos, casi nadie se cuestiona si de verdad fue imposible presentarlo a la justicia, casi nadie está suficientemente consciente que el terrorismo continúa, que Al Qaeda es más que Bin Laden, casi nadie critica la prepotencia del Estados Unidos que se otorga el derecho de intervenir cuando quiere y donde quiere. Hoy se sabe que ni el mismo gobierno de Pakistán estaba enterado de la misión.

Predomina así la alegría de los norteamericanos y de sus simpatizantes, de quienes ven en este acontecimiento a los buenos vencer a los malos, de quienes están hartos de la seguridad en los aeropuertos. Sorpresivamente incluso muchos mexicanos parecen contentos porque oyen que con esto lo más probable es que Obama se reelija, porque el éxito de su misión le viene en el mejor momento cuando está apoyando al mundo árabe que busca la democracia, y este Presidente- les dicen- nos conviene.

Como todos necesitamos alegrarnos y nuestra realidad no nos aporta ocasiones para lograrlo, tomemos prestada ésta si no tuvimos suficiente con la beatificación de un Papa que nos quería tanto a los mexicanos, y con una boda real. Lástima que la muerte de Bin Laden no parece que vaya a beneficiar a nuestros connacionales en Estados Unidos, o modificar el trato a emigrantes.